Cementerio Central: donde se recogen mitos e historias
LA REBELIÓN A ULTRATUMBA
La visita de los vivos en el reino de los muertos, se aprovechan del silencio de los difuntos quienes son testigos de los acontecimientos más inesperados de los comportamientos de los capitalinos.
Por: Lady Viviana Daza o.

En medio del silencio infinito y de una paz resplandeciente, el Cementerio Central uno de los principales campo santo de Bogotá, construido desde la segunda mitad del siglo XIX, ubicado en el sector del centro internacional en la localidad de Los Mártires. Es el cementerio de mayor importancia histórica de Bogotá. El casco antiguo del cementerio, fue declarado monumento Nacional en 1984 por su identidad arquitectónica y vigencia cultural.
El cementerio central estaba conformado por dos partes, la primera se ubica en la calle 26 entre las carreras 16 y 20; y la segunda estaba conformada entre la carrera 14 y 15. Hoy en día el cementerio se ve afectado no solamente por la nueva planeación de las últimas alcaldías, sino también es victima del vandalismo de algunas personas, que irrumpen este sagrado sitio con el ánimo de robar, el bronce de las lapidas, o hurtar las flores para luego revenderlas, y peor a un, profanar las tumbas para rituales satánicos, o vender parte de los huesos aquí sepultados a facultades de medicina.
El transcurrir del tiempo pasa y el silencio de la muerte solo observa a los transeúntes de la ciudad, que pasan al frente de este inmenso cementerio que ha sido testigo por años de los acontecimientos que pasan en la ciudad de Bogotá. Este cementerio ha albergado los cuerpos de miles de capitalinos que han hecho historia en Colombia, como los bogotanos que fallecieron en el trágico día del 9 de abril de 1948, también denominado como el Bogotazo, la mayoría de los cuerpos que reposaban aquí, fueron desalojados por un decreto del actual candidato Peñalosa, cuando era alcalde, con el objetivo de crear un parque para la ciudad, lo curioso es que desalojaron las tumbas pero el parque nunca lo construyeron, y al igual que los muertos se quedo en el olvido.
Un cementerio guarda el descanso de los cuerpos fallecidos y el dolor de las familias que sufren la ausencia del ser querido, depositan flores como una muestra de afecto a la persona que partió, al encuentro del más allá. Sin embargo hay personas que no piensan en el sufrimiento de los demás, al robar las ofrendas florales que se depositan en las tumbas, caso que comenta Carolinas Alvares, quien fue víctima del hurto del arreglo de flores que deposito en la tumba de su familiar fallecido.
Llega la noche y con ella un frío de ultratumba que recorre los corredores de este cementerio, solo la compañía de dos vigilantes en la noche se hace evidente, en estos muros, que son el hogar de muchos cuerpos sin vida. La fijación de estos vigilantes, se convierte en una ronda nocturna en donde vigilan que los saqueadores de tumbas no hurten los huesos que moran aquí, o peor aún, grupos denominados”satánicos”, que buscan los cuerpos para hacer rituales paganos.
La fe mueve montañas y así lo de muestran los cientos de personas que visitan el cementerio, en especial una tumba, en donde se halla el señor Raquel Mercado. Para muchos es una persona más que vivió y murió en la década de los 80, pero para otros, él es como un santo que realiza milagros, como curar enfermedades y auxiliar al necesitado. Mercado, quién fue un sindicalista de la Confederación de trabajadores de Colombia (CTC), y vivió las luchas políticas y económicas de su era, marca la guardia de sus fieles. Dicen que sus seguidores se acercan al monumento que yace encima de su tumba, y le susurran al oído sus penas y pesares, con la fe de que el le cumpla sus deseos.
El cementerio es el último lugar en donde el cuerpo, ya sin vida, reposara definitivamente teniendo en cuenta que todos tendremos que morir, y que la muerte hace parte de la vida sin discriminar a nadie, cuando llegue el momento todos pasaremos por el lumbral del mas allá. Esto es indudable y lo vemos en el cementerio central, que guarda los cuerpos de personas de la más alta sociedad, que son dueños de mausoleos lujosos, como de personas humildes, que alquilan una bóveda para depositar sus cuerpos.

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